Historia del ópalo andino
La historia del ópalo andino, también conocido como ópalo rosa, está estrechamente relacionada con la fertilidad y la Tierra.
En la época de los incas, hace siglos, esta piedra se consideraba un verdadero regalo de la diosa Pachamama, la diosa de la fertilidad que representa a la Madre Tierra. Se convirtió entonces en la piedra nacional de Perú.
En la mitología romana, existe un vínculo con la diosa Ops, diosa de la abundancia, y también con la diosa Tierra. Según el culto, la diosa Ops era celebrada dos veces al año, en ceremonias denominadas las Opalies, u Opalia.
En la antigüedad, el ópalo andino se llevaba como amuleto de buena suerte. También era conocida por sus propiedades terapéuticas, sobre todo en el campo de la oftalmología.
En el año 77 d.C., se cita el ópalo como “la más apreciada y costosa de todas las piedras del Imperio, pues en ella se encuentra el fuego sutil del carbunclo o del rubí, el lustre violáceo de la amatista, el verde mar de la esmeralda, y todos estos matices brillan en ella, maravillosamente fundidos” en la obra Historia Natural de Plinio el Viejo. En aquella época, independientemente de su tamaño y peso, el ópalo era tan apreciado por su belleza y rareza que resultaba muy caro. Entonces se eleva a la categoría de piedra preciosa.
Plinio el Viejo cuenta también que Nonio, senador romano, prefirió exiliarse antes que entregar al amante de Cleopatra su ópalo del tamaño de una nuez, que valía unos 20.000 sestercios, una suma colosal.