En la antigua Grecia, este mineral se consideraba relacionado con Gaia, la diosa primordial de la tierra. También se usaba como ofrenda para complacer a la diosa de la luna, Calisto. En Roma, el jaspe estaba estrechamente ligado a Bona Dea, diosa de la fertilidad y de la castidad. En los mitos y leyendas de los pueblos nórdicos, se dice que el pomo de la espada de Sigfrido, el invencible héroe cazador de dragones, tenía incrustada la piedra jaspe rojo, un símbolo de coraje.
Para los indios americanos, el jaspe simbolizaba la sangre de la tierra nutritiva y se utilizaba para hacer muchas joyas como pulseras, talismanes y amuletos. Estos artefactos podrían utilizarse como protección contra los peligros nocturnos. También se creía que el jaspe rojo tenía afinidad con el agua y podía usarse en rituales para atraer la lluvia. Los collares de jaspe también se usaban para ayudar a mantenerse física y mentalmente sano.
En Japón el jaspe ya se usaba hace más de 10 000 años para hacer colgantes sagrados en forma de coma o colmillos llamados magatamas. Se decía que contenían las almas de los grandes guerreros. Estos ornamentos eran usados por sacerdotes y nobles como signo de su alto rango social. Algunos sellos imperiales chinos también se hacían de jaspe, y también se utilizaba como ornamento en los palacios y residencias reales, así como en mosaicos y estatuas.
Según la Biblia, este mineral es una de las 12 piedras que componen la coraza de Aarón, aunque el jaspe ha sido a menudo mal identificado a lo largo de los siglos. En la cultura cristiana, las leyendas dicen que la piedra jaspe rojo vino de las gotas de sangre derramadas por Cristo en el momento de su crucifixión. Como resultado de estas historias, el jaspe se volvió muy simbólico durante la Edad Media, y se usó para hacer grabados que representaban la pasión de Cristo en las iglesias. El jaspe era también el símbolo de la roca sobre la que Cristo construyó su iglesia, representa directamente al apóstol Pedro. San Juan incluso evoca en el apocalipsis un trono hecho de jaspe que acogería a Jesús, representando la eternidad y la revelación.
El jaspe es un mineral sedimentario muy presente en la naturaleza. Hoy en día, hay muchas variedades diferentes y cada yacimiento tiene su propia particularidad. Los países donde es más abundante son Brasil, Estados Unidos, India, México, Madagascar y Rusia.